Huyendo del enésimo temporal que barre el norte de la península, acomodamos las bicicletas en la bodega del autobús y ponemos rumbo a Sevilla.
A las nueve de la mañana y sin apenas dormir, montamos las alforjas y comenzamos la ruta.
El camino enseguida nos muestra alguna que otra trampa.
Algunos tramos difíciles para rodar, contrastan con cómodas y solitarias carreteras.
Antonio, Valen y Albert, con los compartiremos pedaladas y sobremesas.
Aunque ciclable en su mayoría, la ruta nos depara alguna sorpresa.










Cada cual a su ritmo, a su aire.

El camino te cambiará.

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Encinas y alcornoques dan el relevo a robles y castaños.

Una fresquita mañana castellana.
En Salamanca, los cielos despejados que hemos venido disfrutando, dan paso a negros nubarrones. Empieza a llover, por lo que decidimos dejar el resto de la ruta para mejor ocasión.